Almaviva
Ana Carolina Segura

Sobre mí

Soy Ana Carolina Segura

Soy chilena, vivo en Copenhague y soy la fundadora de ALMAVIVA. Acompaño a personas de habla hispana a comprender mejor sus formas de responder, reconocer aquello que se repite y entrenar nuevas posibilidades en su vida real.

Fundadora de ALMAVIVA · Coach integrativa

El origen

Antes de acompañar, tuve que aprender
a mirarme de otra manera

Crecí escuchando quién era yo antes de tener palabras propias para describirme.

En mi casa crecí sintiendo que el amor y el reconocimiento había que ganárselos. Competíamos por la aprobación de nuestro padre, por escuchar un «qué bien lo hiciste», por sentir que confiaba en nosotros. Pero esas palabras casi nunca llegaban.

En cambio, había exigencia, crítica y comparaciones. Bullying dentro y fuera de casa. Y otras palabras que sí escuché muchas veces y que, cuando eres niña, pueden terminar ocupando mucho espacio: «Eres una fracasada.» «Nunca vas a poder.» «Eres tonta.» «Estás loca.» «Eres mentirosa.»

Yo estaba rodeada de gente y, aun así, me sentía profundamente sola.

Con el tiempo, algunas de esas voces dejaron de sentirse solamente como algo que otros decían sobre mí. Empecé a decírmelas yo.

Ya no necesitaba que alguien me dijera «nunca vas a poder»: yo dudaba de mí antes de intentarlo. «Eres una fracasada» se parecía cada vez más a «voy a fracasar». «Eres tonta» a «no soy capaz». «Estás loca» a «hay algo mal en mí».

Poco a poco, aquellas etiquetas dejaron de ser solamente palabras que había escuchado y empezaron a formar parte de la manera en que me hablaba y me explicaba quién era: «No puedo.» «Voy a fracasar.» «No soy capaz.» «Hay algo mal en mí.»

Durante años viví y respondí desde muchas de esas ideas sobre mí. Consumí sustancias intentando no sentir cosas que entonces no sabía cómo sostener. Castigué mi cuerpo. Me alejé de mí misma. Hubo autodestrucción, decisiones que tuvieron consecuencias y momentos en los que aquello que pensaba sobre mí parecía encontrar nuevas razones para confirmarse.

No cuento esa parte de mi historia para explicarla hoy con una causa única. Había muchas cosas ocurriendo.

Hubo un momento en que ya no pude seguir viviendo de la misma manera. Pedir ayuda dejó de ser una posibilidad y se convirtió en una necesidad.

Mi reconstrucción comenzó en terapia.

Empezar a comprender

Poner palabras cambió la manera en que
miraba lo que me había pasado.

Después de la terapia llegaron los libros, el desarrollo personal, la inteligencia emocional, la neurociencia y años de formación. Empecé a encontrar palabras y marcos para experiencias que antes no sabía nombrar.

Entendí más sobre aprendizaje, emociones, cuerpo y formas de responder. Empecé a reconocer patrones, a observar cómo algunas creencias e interpretaciones podían participar en mis respuestas y a preguntarme cuánto de aquello que durante años había llamado «así soy» estaba relacionado con formas de responder que había aprendido y repetido.

Comprender cambió la manera en que miraba mi propia historia. Me permitió verla con más contexto y menos juicio.

Pero también descubrí algo que terminaría siendo fundamental para mí: comprender no significaba necesariamente responder de otra manera cuando llegaba el momento.

Podía reconocer mis patrones. Podía entender mejor por qué determinadas situaciones me afectaban. Podía saber perfectamente qué quería hacer diferente. Y, aun así, algunas respuestas conocidas volvían. La autoexigencia. El diálogo interno duro. Formas de tratarme que conocía demasiado bien.

Ahí apareció una pregunta que, años después, estaría en el origen de ALMAVIVA: Si puedo entender lo que me pasa y, aun así, seguir respondiendo de la misma manera, ¿qué falta entre comprender y cambiar?

Esa pregunta cambió la dirección de mi propio proceso. Ya no quería solamente entender lo que ocurría después. Necesitaba empezar a reconocer qué pasaba en mí mientras estaba ocurriendo.

Del conocimiento a la experiencia

La pregunta dejó de ser solamente «¿por qué hago esto?»
y empezó a ser «¿qué ocurre en mí cuando está pasando?»

Hasta entonces, gran parte de mi comprensión ocurría después. Después de haberme exigido hasta agotarme. Después de haberme hablado con la misma dureza que había aprendido. Después de haber castigado mi cuerpo. Después de haber intentado anestesiar lo que sentía a través del consumo. Después de haber dudado de mí o vuelto a una forma conocida de tratarme.

Podía mirar hacia atrás, entender mejor qué había ocurrido y encontrar explicaciones. Pero cuando llegaba otra situación, muchas veces me encontraba nuevamente dentro de respuestas que conocía demasiado bien.

Entonces empecé a hacer algo diferente: prestar atención a lo que ocurría mientras una respuesta iba tomando forma.

Aquello que antes parecía una secuencia casi directa —algo ocurre y yo respondo— empezó a mostrar más cosas. La manera en que interpretaba una situación. Los pensamientos que aparecían. Algunas creencias e ideas sobre mí. Las emociones. Lo que notaba en el cuerpo. Los impulsos que surgían.

No aparecía todo siempre ni necesariamente en el mismo orden. Lo importante fue descubrir que entre lo que ocurría y lo que finalmente hacía había una experiencia que podía aprender a observar.

Al principio muchas veces la reconocía después. Otras, mientras estaba ocurriendo.

La respiración, el yoga, el movimiento y las prácticas de atención corporal también me ayudaron a permanecer más presente ante esa experiencia: reconocer un pensamiento sin asumir inmediatamente que era verdad, notar una emoción o una sensación corporal sin tener que actuar desde ella y observar un impulso antes de convertirlo en una acción.

No hicieron desaparecer mis respuestas conocidas. Me ayudaron a empezar a reconocerlas mientras estaban tomando forma.

Pero reconocerlas abrió una nueva pregunta: Ahora que podía ver mejor lo que ocurría, ¿qué podía empezar a hacer de otra manera?

De reconocer a practicar

Ver lo que ocurría abrió una posibilidad.
Después necesitaba aprender qué hacer con ella.

Reconocer una respuesta no significaba automáticamente poder responder de otra manera. Necesitaba practicar.

Y practicar empezó con cosas pequeñas y concretas: tratarme con menos dureza cuando algo salía mal, cuidar un cuerpo que durante años había castigado, pedir ayuda, permitirme descansar sin juzgarme e intentar algo aunque apareciera el conocido «no puedo».

Algunas veces podía hacer algo diferente. Otras, volvía exactamente a lo conocido. Y eso también se convirtió en parte del aprendizaje: observar qué había ocurrido, ajustar y volver a intentarlo.

Con el tiempo, esas pequeñas respuestas diferentes empezaron a darme nuevas experiencias sobre mí misma. Si durante años muchas de mis experiencias parecían confirmar «no puedo», «voy a fracasar» o «hay algo mal en mí», ahora también empezaban a existir otras: momentos en los que me cuidaba, pedía ayuda, descansaba, intentaba algo que antes habría evitado o respondía de una manera que no esperaba de mí.

Eso no borró las ideas anteriores ni significó que hubiera encontrado una versión «verdadera» de quién era. Me mostró algo más sencillo: aquello que había repetido durante años no era la única forma en que podía responder.

Y esas experiencias empezaron a ampliar también la información desde la que me describía.

Mi relación conmigo fue cambiando en ese proceso: menos desde la exigencia y el castigo, y más desde observar, cuidar, practicar y volver.

Así nació ALMAVIVA

De una pregunta personal a
una forma de acompañar.

Con los años, aquello que había ido aprendiendo en mi propio proceso empezó a encontrarse con mi formación profesional. La neurociencia aplicada, el trabajo somático y el coaching me ofrecieron distintas perspectivas y herramientas para comprender, observar y trabajar con nuestras formas de responder.

De esa integración empezó a tomar forma ALMAVIVA. No como una reproducción de mi historia ni porque mi experiencia pudiera explicar lo que les ocurre a otras personas. Sino alrededor de una pregunta que había atravesado mi propio recorrido: ¿Qué podemos hacer cuando comprender una respuesta no significa todavía poder responder de otra manera cuando llega el momento?

De ahí surgieron los tres movimientos que hoy organizan ALMAVIVA:

  • Comprender — Construir un mapa. Conocimiento que nos ayuda a entender mejor aquello que podemos observar.
  • Reconectar — Llevar el mapa a la experiencia. Aprender a reconocer cómo aquello que estamos trabajando aparece realmente en ti.
  • Entrenar — Practicar otras posibilidades. Llevar lo que vamos reconociendo a situaciones reales, probar, observar y ajustar.

Comprender · Reconectar · Entrenar

Estos tres movimientos no son una reproducción de mi historia. Son la estructura que desarrollé al integrar conocimiento, experiencia y práctica en una forma de acompañar.

Conocer el Método ALMAVIVA →

Mi enfoque

Con conocimiento, curiosidad y sin
una explicación preparada sobre ti.

No parto de la idea de que sé por qué respondes como respondes. Mi trabajo es aportar conocimiento, estructura, preguntas y herramientas para que podamos observar juntas lo que ocurre y trabajar con aquello que quieres comprender o hacer de otra manera.

La neurociencia aplicada aporta parte del conocimiento desde el que construimos el mapa. El cuerpo forma parte de la experiencia que aprendemos a observar. Y el coaching aporta preguntas, dirección y práctica. Pero ninguna de esas perspectivas, por sí sola, puede decirnos qué ocurre en ti. Tu experiencia también informa el trabajo.

Por eso no busco que encajes en una explicación ni decirte cuál debería ser tu respuesta. Busco crear un espacio donde podamos observar con más precisión aquello que estás viviendo y trabajar con posibilidades que tengan sentido para ti y para tu vida real.

Y cuando algo queda fuera del alcance de ALMAVIVA, también forma parte de mi responsabilidad reconocerlo y decirlo con claridad.

Ana junto al mar

Acompañar, para mí, no es tener respuestas sobre ti.

Es ayudarte a desarrollar más recursos para trabajar con las tuyas.

Hoy

Una vida más propia

Hoy vivo en Dinamarca y estoy en una etapa diferente de mi vida. Valoro cosas que durante mucho tiempo tuvieron poco espacio: la presencia, el cuerpo, los vínculos, el descanso, el movimiento y lo cotidiano. La respiración. Caminar. Cocinar. Estar en la naturaleza. Sentir el sol. Compartir con mi hija. Detenerme. Volver a empezar cuando hace falta.

Mi vida no es perfecta y yo tampoco necesito que lo sea. Sigo encontrándome con respuestas conocidas. Sigo aprendiendo. Sigo practicando. Pero hoy tengo más recursos para reconocer lo que ocurre, tratarme de otra manera y tener más margen para decidir qué quiero hacer con ello.

Y quizás esa sea una de las cosas más importantes que mi propia historia me ha enseñado: no necesito convertirme en otra persona para poder responder de otras maneras.

Aquello que hemos repetido durante mucho tiempo puede llegar a sentirse como «así soy». Pero una respuesta o un patrón aprendido no constituye por sí solo una definición completa de quiénes somos.

Ana junto al mar

Esa convicción atraviesa hoy mi vida y también mi manera de acompañar.

Mi formación

El conocimiento desde el que acompaño

Mi formación reúne distintas perspectivas sobre aprendizaje, emociones, cuerpo y cambio, que hoy integro dentro del Método ALMAVIVA. Ninguna de ellas, por sí sola, explica completamente la experiencia de una persona.

Formarme me dio conocimiento y herramientas. Mi propia historia me dio las preguntas que quería seguir explorando.

Algunas de mis formaciones

  • Certified Professional Co-Active Coach (CPCC) Co-Active Training Institute
  • Associate Certified Coach (ACC) International Coaching Federation (ICF)
  • Máster en Inteligencia Emocional CES Don Bosco, centro adscrito a la Universidad Complutense de Madrid
  • Estudios en Neurociencia Aplicada y del Bienestar Colegio Ramón y Cajal · Madrid, España
  • Formación en Desarrollo Personal y reeducación de respuestas aprendidas Grupo Emociona · España
  • Profesora certificada de Kundalini Yoga Kundalini Research Institute (KRI) · Londres
  • Formación en Mindfulness y Respiración Funcional Cultivar la Mente, Salud Mental · España

Cómo empezar

Si quieres explorar qué podríamos trabajar juntas, empecemos por una conversación.

Si estás considerando Focus o Intensivo, comenzamos con una reunión de orientación gratuita de 20 minutos. Si lo que necesitas es abordar una situación puntual, puedes agendar una Sesión Individual directamente.

ALMAVIVA · Comprender · Reconectar · Entrenar